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...Y Nietzsche gritó: "¡Dios ha muerto!".
El nihilismo enfundó tras esta frase su grito de guerra. La muerte de Dios como el fin de las creencias. El fin de toda fe metafísica que condicione el orden terrenal.
Desde mi punto de vista, también me gusta ver la muerte de Dios como la muerte de las creencias: el fin de mis propias creencias. La muerte de Dios para mí simboliza el levantarse y decir: "¡Déjenme no creer en lo que ustedes creen!"
¿Qué es Dios? ¿Qué simboliza?¿ Porqué gritamos que ha muerto?
Dios es la mayor mentira de la historia de la humanidad. El hombre, animal depravado entre los depravados, como afirmaba Hobbes, lobo de sí mísmo, necesita domesticarse. Necesita ser amo y esclavo. Es por es este mismo motivo que crea un Estado. Es por este mismo motivo que crea un mundo a su imagen y semejanza. Es por este mismo motivo que crea ese cáncer que son las religiones. Proclamar la muerte de Dios no es proclamar meramente la muerte de un "ser superior". Proclamar su muerte es proclamar la muerte (aunque sea meramente interna) de un engaño que lleva más de 2000 años. Es romper esas cadenas invisibles que esclavizan al hombre de la visión paranoica de que hay algo que es superior, ergo creador de nuestro entorno, dueño de nuestra vida, de nuestra moral.
¿Porqué el hombre es tan ciego para no poder ver que en materia de creación y destrucción no hay nada superior a él? ¿Porqué no puede darse cuenta de que él mismo es su propio Dios? ¿Tan temerosos somos de asumir la responsabilidad de nuestras propias acciones que necesitamos echarle la culpa a otro, invisible e intangible?
Proclamar la muerte de Dios es proclamar la muerte de todas aquellas ideas que no permiten que el hombre se emancipe.
¿Cuánto horror más debemos soportar para lograr entenderlo? Hasta las catástrofes naturales son fruto de nuestra propia negligencia.
Proclamar la muerte de Dios es proclamar la muerte de las injusticias, de las religiones, del egoísmo, de la explotación, de las dictaduras, de las fronteras y de la homogeneidad.
Entonces yo hoy me levanto, rebelándome contra el automatismo cotidiano, y con todo mi ser grito: "¡Dios ha muerto!"( y Nietzsche también)

